Lo que escribo, con algunas fotos (o algo así)

jueves, 12 de marzo de 2009

De "Insomnios miserables" 7

Una sombra

Una sombra,

Luego el llanto.

Yo, que harto de andar,

Cierro los ojos,

Percibo el extraño

Ocurrir de tu presencia,

Criatura de la vida

Sin un pan debajo’l brazo,

Andando descalzo.

 

      

Lo que mata no alimenta

Lo que alimenta no abunda

Lo que abunda no lo tengo

Lo que tengo no te lo doy.

 

Calco  las suelas

A cada paso.

Yo, que harto de andar,

Cierro los ojos,

Percibo el extraño

Dolor del camino,

Sendero interminable,

Sin el consuelo e’la parca

Ansío descanso.

 

Lo que duele encarcela

Lo que encarcela envejece

Lo que envejece detesto

Lo que detesto eres tú.

 

 

 

 

 

Pide sin pausa,

Tu voz menuda.

Yo, que harto de andar,

Vuelvo el rostro,

Sordo, a tus manos

Suplicantes, hallo

En ellas, razón

Inexplicable, dejarte

Sin consuelo e’nadie

 

Doña de cascabel

Presa ignota del olvido

Frasea historias de ciertas

Adoradas bestias

Todas bien amamantadas

Que tejieron su regazo

De tricotas y bufandas.

 

Afuera el frío helaba

Los malvones del patio

De portlan y barro,

Camino de chapa,

Al rancho corrían

Sus hijos, jugando.

Con pequeñas manos de nuez

Atenaza del carro las varas,

Celosa de perder el fruto

Que los restos de otros

Desperdiciaron en su ronda

Turbada, de animal noctámbulo.

 

Una mosca prendida a la arruga,

En su frente, un pensamiento hundido

Entre las bolsas de basura,

Y un perro faldero, de su

Falda de invierno que arrastra

La hilacha del verano colgando.

 

Antes tenía en casa

Zapatos de niño puestos al sol,

Pañales y  juguetes rotos regalados.

Hoy bajo el puente, el perro

Una olla y a tientas un baso

Haciendo equilibrio en un terraplén.

 

Lleva en el carro una bolsa de nylon

Techo y paraguas, alfombra, colcha y mantel.

Ciega se enfrenta al farol de los autos

Que escupen bocinazos, callejeros,

El perro y la doña sin dientes,

Les responden con la cola y un cascabel.

 

Entre piso 4

Cuando saco la moneda

Pienso en mi mano.

 

 

El justo bocado

Dolorosa sensación de humanidad

Figurines recortados al sol

Con la sangre brotándoles de las manos,

¡Señores! ¡Eso que mataron no era un cerdo!

 

Un cigarrillo hastiado en la boca,

Los veo, me oculto y

Exhalan un olor envejecido

En los fondillos del pantalón.

 

Los oigo obedecer y organizarse

Se mueven en la penumbra, veloces cucarachas

Entre la roña, es casa de los ricos

Y hay basura para repartir.

 

Están transidos de empedrado y barro

Se pican los dientes ¡Cordero de Dios!

¿Los señores terminaron de comer?

Se limpian las patas en el fango.

 

En la estúpida realidad de miopes

Ya ciego, pero al sol todavía,

Los pierdo de vista, como fantasmas,

Se desfiguran y los figuro ¡Gigantes!

 

Y se sientan a la mesa

Y comparten el mismo pan

Y predican el orden

E instauran dolorosa paz.

 

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